La rastra argentina

De las prendas de adorno que eran usadas por el gaucho, “la rastra” es una de las que aún hoy subsisten  y quizás es la que goza de la mayor preferencia  por parte de nuestros hombres de campo. “La rastra” es un lujo que reemplaza a la hebilla en el cinturón o en el tirador. Consiste en una chapa de metal  (plata u oro), modelada de diversas formas, llevando por lo general, grabado o calado las iniciales del nombre y apellido del dueño (a veces ambos completos), adornadas con  artísticos dibujos.

Rio de la plata

Ya antes que GABOTO realizara su viaje por estas tierras, parece que el Paraná Guazú era conocido con el nombre de Río de la Plata. EDUARDO MADERO dice que el nombre de nuestro río se pronunció en Santa Catalina, Brasil, por los sobrevivientes de la expedición de SOLÍS. Afirma ENRIQUE DE GANDÍA que el portugués ALEJO GARCÍA, con 4 ó 5 españoles más, encabezó desde la costa brasileña, entre los años 1521 y 1526, una gran migración de indios guaraníes hacia el Alto Perú, en un viaje que tenía el propósito de lograr lo que tanto los apasionaba: la conquista del que pronto sería el fabuloso imperio del Rey Blanco y de la Sierra de la Plata, de cuya existencia habrían sido informados por los indios. Lograron obtener numerosos trozos de metales, que les permitieron vislumbrar las riquezas de la civilización incaica. Ante la amenaza de ser atacados por algunas tribus, los expedicionarios regresaron con todo el oro y la plata que pudieron cargar.

En el camino fueron exterminados, y sólo algunos aborígenes alcanzaron a salvo el lugar de partida, narrando a los demás españoles que habían quedado allí, la asombrosa travesía, y mostrando algunos restos del primitivo cargamento de metales preciosos

La yunta argentina

En la antigüa campaña argentina, la “yunta” (par de algo), era una rastra o hebilla simple, que se hacía con dos patacones unidos por su parte central a los extremos de una traba o cadena metálica de determinada longitud. El “patacón” o “real de a ocho”,  era una moneda antigüa acuñada en plata novecientos que tenía un gran tamaño (3 centímetros de diámetro). Se usaban una, dos y hasta tres “yuntas”, según fueran las posibilidades de cada uno. Los hombres ricos solían reemplazar los “patacones” por “onzas” y otras monedas de oro, que circulaban en aquellos para exhibir su importancia y riqueza. El mismo nombre de “yunta” se aplicaba a la pareja de jinetes o peones que trabajaban juntos y en forma coordinada, en los apartes de hacienda.